Los que quieren y no pueden, y nos quieren decir que están bien cuando todo va mal...
...tú
Los que quieren y no pueden, y nos quieren decir que están bien cuando todo va mal...




En el fondo, seguimos siendo los mismos: tú, ese carisma especial, esa sonrisa sincera que le alegra a uno el día. Yo, semioculta, sonriendo, diciéndote con la mirada cosas que con las palabras sería incapaz de expresar. Es bonito, no lo niego. Es bonito ver que nos queremos. Son bonitas las miradas, las caricias, incluso la ausencia de besos es bonita. Las cascadas de sonrisas, sonrisas a trocitos, como algodón de azúcar. Los abrazos de despedida, lás lágrimas que nunca nos atrevemos a derramar. Las conversaciones, que se nos van de las ramas, pierdo el hilo, cambio de tema repentinamente, te ríes, me río, nos miramos, sonreímos, y volvemos a reír, te hablo de mí y de ti, me hablas de tí, de mí, y de la gente, también de la gente, me lo cuentas y yo te escucho, o yo te cuento y tú me escuchas, nos escuchamos, eso sí que es bonito, escucharse. Un juego de miradas interminable, que se alía con los labios y los susurros, las historias, las risas y las sonrisas, y, sobretodo, tú y yo.

(... y probablemente, nada cambiará.)






La miras, la palpas, la rozas, te asomas, sonríes, la acaricias, la tocas, le haces cosquillas, susurras, la quieres, la tienes, se escapa, (¡cuidado!), la coges, la guardas, la proteges, se esfuma (¡shh!), la persigues, se esconde, te hace burlas, y cuando crees que la tienes, que nada te la arrebatará...
Te encuentras dentro de ella.